martes, 14 de febrero de 2012

El día en que la tierra me trago


Malena tenía que hacer tantas cosas por las mañanas que ya no pensaba en él. Las deudas moribundas, los quehaceres de una casa solitaria y el anhelo de regresar a épocas anteriores acompañaban sus días.

Malena se peinaba los cabellos pero no veía al espejo. Tenía miedo de despertar a una realidad aún peor. Miró al lado vacío de la cama, se atrevió a mirarse. Ella se miró absorta, y luego de un minutos se oyo un sollozo intenso, un ¡no quiero estar SOLA! se escucho después.

Aquí es donde comienza su historia.

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