
Malena tenía que hacer tantas cosas por las mañanas que ya no pensaba en él. Las deudas moribundas, los quehaceres de una casa solitaria y el anhelo de regresar a épocas anteriores acompañaban sus días.
Malena se peinaba los cabellos pero no veía al espejo. Tenía miedo de despertar a una realidad aún peor. Miró al lado vacío de la cama, se atrevió a mirarse. Ella se miró absorta, y luego de un minutos se oyo un sollozo intenso, un ¡no quiero estar SOLA! se escucho después.
Aquí es donde comienza su historia.
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