viernes, 13 de noviembre de 2009

No hay nada peor que añorar lo que nunca jamás sucedió...

Estaba con Ándres sentados en una banca de una Iglesia, al poco tiempo vimos gente vestida formalmente y de pronto dedujimos que se trataba de una boda. Andrés me pidió que nos quedaramos, yo al principio no quería pero después accedí. Esperamos a que todos los invitados se sentaran, y se empezara con la ceremonia.


Ya había pasado una hora desde entonces, yo estaba aburrida, sin embargo Andrés estaba tan emocionado, que parecía él quién se iba a casar.


Cuando las ganas y los ánimos ya me estaban faltando, vi entrar al novio, y ese eras TÚ, tan elegante, tan enamorado, tan feliz, al instante sentí mi cuerpo paralizado, perdía algo que jamás sucedió.


Pedí inmediatamente el sentido de realidad, salí corriendo, conteniendo mis lágrimas, Andrés no entendía el porqué de mi conducta, se asustó.


Mi cabeza daba vueltas, quería gritar, llorar, estupor, esa era la palabra que podría definir lo que sentía, Andrés seguía sin comprender lo que pasó, hasta que le conté la razón de todo. Andrés se sentó junto a mi, me agarró de la mano y así nos quedamos, sin decirnos palabra alguna, era como si nos hubiesemos quedado solos en el mundo, nosotros nada más.


Luego de algunos minutos imposibles de contar en el mundo real, él se paró, me cogió de la mano, me abrazó, y caminamos sin sendero, buscando de alguna manera que nuestras penas terminaran.


No hay comentarios:

Publicar un comentario